Hay una noticia que ha pasado más o menos desapercibida por lo medios de comunicación y la sociedad en general en medio del caos causado por el virus chino. Y esta noticia es las ganas del Gobierno de ponerse, en medio de una crisis sanitaria tan notoria, a indultar presos. No parece cuadrar mucho con la urgencia del momento ni con la concentración de esfuerzos que se requiere del Gobierno. Vamos, que ahora no estamos para estas cosas.

Un malpensado podría argüir que es una táctica del Gobierno para indultar a lo presos catalanes acusados del golpe de Estado del 1-O y así contentar a sus socios secesionistas y comunistas de gobierno aprovechando el caos en el que estamos sumidos para que la noticia no cubra titulares y que pase desapercibida o, al menos, sea rápidamente olvidada y substituida por la emergencia sanitaria.

He de decir que no descarto para nada esta posibilidad, llámenme malpensado, sin embargo mi explicación es otra bien distinta. Cualquiera que tenga memoria política reciente, recordará la modificación del Código Penal que tuvo lugar en el año 2010 durante el infame Gobierno Zapatero. Esta modificación supuso la menor calificación penal de los delitos relacionados con el narcotráfico, lo que supuso la inmediata puesta en libertad de miles de presos en toda España.

Las explicaciones que arguyó el Gobierno de Zapatero fueron de muchas clases: normalización del consumo social de la marihuana, penas demasiado exageradas respecto al delito, etc. Sin embargo, la realidad era bien distinta. En aquellos momentos, año 2010, la población penitenciaria era excesiva y las cárceles de toda España estaban saturadas. Además estábamos inmersos en una dura crisis económica que obligó a bajar el sueldo a los funcionarios y a paralizar la construcción o proyectos de construcción de nuevas cárceles y reforma de las viejas. Y así, de repente, y de un plumazo, el Gobierno se quitó de encima un problema grave: ya no había superpoblación penitenciaria y, sobre todo, desaparecían las graves consecuencias de ello. No se podía construir más cárceles ni contratar a nuevos funcionarios, así que se echaban presos a la calle. Rápida solución.

¿Y a qué viene todo esto?, preguntarán. A que, en realidad, no podía haber una noticia de máxima actualidad que esta. Hoy, otro Gobierno socialista, se plantea el hecho de poner en libertad a presos por toda España y, así, vaciar las cárceles. No es una noticia que salga en todos los medios pero el virus chino hace ya días que ha entrado en las cárceles de toda España. Está causando estragos. Los funcionarios están sobrepasados, no hay medios de protección individual para ellos, los presos están alterados, asustados y enfermos. Y el Gobierno, cualquier Gobierno, nunca ha querido hacerse cargo realmente de las prisiones, siempre ha intentado por todos los medios que no le dieran problemas, simplemente. ¿Nunca se han preguntado por qué las diversas Autonomías no tienen aun las competencias en materia penitenciaria? Porque nunca las han querido, porque las cárceles solo dan problemas. Solo las tiene transferidas Cataluña y no saben vds. lo que se arrepienten de ello.

Volvamos entonces a la actual crisis sanitaria. El virus chino ha entrado en las cárceles y, en breve, empezará a producir cadáveres dentro de las prisiones. ¿O acaso pensaban que el virus iba a respetar a los presos por estar presos? Cuando empiecen a saturarse las cárceles de presos gravemente enfermos que no puedan ser evacuados a los hospitales para ser tratados porque no hay ambulancias ni sitio en los mismos, las prisiones se convertirán en fábricas masivas de cadáveres.

¿Encaja ahora la urgencia de los nuevos indultos? Parece una medida desesperada del Gobierno para que no le surja otro grave foco de problemas en un medio tan delicado como es el penitenciario. Y la solución será, nuevamente, simple: poner a delincuentes en la calle. Vaciar las prisiones y así evitarse un nuevo problema. Morirán igual pero, al estar fuera de prisión, ya no será un problema del Gobierno, será un problema de la Sanidad pública.

Esta es una de las posibles explicaciones para los nuevos indultos de Sánchez: llámenme malpensado.