Infierno de cobardes

El sombrío panorama de las últimas semanas me ha traído a la memoria el argumento de un viejo Western, el primero dirigido, y también protagonizado (aunque en este caso no por primera vez), por Clint EASTWOOD. El título original en inglés es “High Plains Drifter”, en España se estrenó con el título “Infierno de cobardes”. Curiosamente en Hispanoamérica se le puso un título que también hoy resulta muy lúgubre y sugerente: “La venganza del muerto”.

Hace unos días Federico JIMÉNEZ LOSANTOS afirmaba apodícticamente que “no hay gobierno con dos gobiernos”, y en esas estamos, con un engrendro de pseudogobierno integrado por hombres (y mujeres) de paja y fanáticos/as a partes iguales, probablemente incluso considerando individualmente a cada uno de sus miembros.

Los juristas clásicos, ya desde el Derecho romano, han venido distinguiendo entre la “vis magna, quia resisti non potest” y el “casus quos nullum humanum consilium praevidere potest”. La fuerza mayor vendría caracterizada por su procedencia exógena y por su irresistibilidad, mientras que el caso fortuito, aunque en última instancia hubiera resultado evitable, de hecho era imprevisible. Una pandemia como la que se ha precipitado sobre nosotros, por su alcance y dimensión en un mundo globalizado, probablemente no puede evitarse con los medios de que disponemos, que ya están siendo empleados muy cerca de su límite de capacidad, límite que será ampliamente rebasado si el contagio y la propagación de la enfermedad se dispara en las próximas semanas. Sin embargo, hay cuestiones que sí se podían prever y que responden a la administración ordinaria de las cosas, que no guardan una relación directa con esta crisis, pero para las que ésta ha servido de catalizador, de escaparate de una serie de vergonzosas actitudes que hoy presiden nuestra vida en sociedad (o tal vez, ¿deberíamos decir mejor en disociedad?).

Un gobierno, cualquier gobierno, ante un desafío de esta magnitud se ve desbordado. Nadie lo niega. Pero nadie en sus cabales pone a frente del sistema sanitario de un Estado a un filósofo, porque es evidente que carece de las aptitudes, conocimientos, experiencia y pericia que exige la gestión de un sistema tan sumamente complejo como éste, y ha sido nombrado sólo y exclusivamente por ser de la clá. Sus sucesivas declaraciones y rectificaciones, sólo superadas por las del esta vez sí experto epidemiólogo Fernando SIMÓN, evidencian una vez más que la estúpida corrección política  que nos desgobierna es capaz de desbaratar hasta la mismísima ciencia, hasta la técnica más avanzada y depurada. Cualquier ser humano puede cometer errores de cálculo, y no se puede abochornar a nadie por ello, pero si comparamos la actuación de este último experto con la que desarrolló en crisis anteriores,… something smells bad in Denmark.

Luego las concentraciones masivas del 8 M, en fin, no vamos a hacer más sangre con este tema, porque se trata de sucesos tan evidentes en su vileza, en su venalidad pseudopolítica, que no merecen que perdamos el tiempo debatiendo sobre ellas. Mientras tanto, los marqueses de Galapagar se chulean delante de todo el país, y nadie se atreve ni a toserles…,¡no sea que les vayan a someter a un régimen de aislamiento riguroso¡ Hacen y deshacen lo que quieren, la cuarentena la cumplen à la Sinatra (my way), eso sí la UVI móvil que no falte a la puerta de la mansión las 24 horas, con su ventilación asistida. Estos líderes obreros no se van a rebajar a acudir a un centro de salud o a un Hospital como todo hijo de vecino. ¡Y luego tendremos que escuchar tanto rebuzno¡ Tanto miedo les tenemos que no nos damos cuenta de que en estos momentos cualquiera que tenga el valor de dar la cara ante estos tiranos tendrá que afrontar la condena implacable al ostracismo, con el beneplácito unánime del establishment mediático-financiero. O algo peor. ¿Es que no se acuerdan del juez FERRÍN CALAMITA? Aquí al que da la cara, se la parten, eso sí, todo muy democráticamente. Pero, ¿y si ninguno damos la cara por lo que de verdad importa? Vuelve a cumplirse el adagio pronunciado por BURKE hace más de doscientos años: “Para que triunfe la Revolución sólo es necesaria una cosa: que los buenos no hagan nada”.

Todo esto nos lo cuenta el gobierno de los 22 ministros, que hace una semana se encontraba entrampado en la regulación de los piropos. O tempora, o mores¡ Reuniones con TORRA, con Delcy RODRÍGUEZ, con la COLAU y con quien haga falta. Ahora TORRA y URKULLU ponen el grito en el cielo: como el Ejército se va desplegar en labores de salvamento por la epidemia, esto no es más que un “155 encubierto”.  Un 155 que, como los mismos constitucionalistas reconocen y como el mismo Tribunal Supremo ha declarado en el juicio del procès, nunca ha llegado a aplicarse plenamente y que, en la práctica, no ha sido más que una coartada más para dar carta de naturaleza a la inhibición de las autoridades del Estado frente al desafío secesionista. No quiero ni pensar en “Obi Wan RAJOY” que repetía enfáticamente aquello de “No va a haber referéndum…” y hubo uno, y dos,… y los que habrá. Y mejor no hablar de su estupendísima ministra para Cataluña. Sic transit gloria mundi…

Y por fin, por si alguien tenía alguna duda, la guinda en el pastel, la confirmación de que el epígrafe que encabeza estas líneas quizá sí que sea una buena descripción del paisaje social que en estos momentos asola España. Atención, españoles, habla su excelencia el Presidente del Gobierno: “el heroísmo consiste hoy en lavarse las manos y quedarse en casa”. Ahí está retratada la España oficial; esperemos que exista y subsista al margen, siquiera sea en la clandestinidad, una España real bien distinta.

Hay también una circunstancia con la que la propia tragedia que nos envuelve ha sabido poner las cosas en su sitio. ¿Será la astucia de la razón, de que hablaba el críptico HEGEL? No lo creo. Pienso más bien en la Providencia, porque sólo Dios puede sacar bien hasta del mal que hacemos los hombres. Hace poco más de una semana, nuestros próceres se empeñaban en imponernos la eutanasia por encima de todo, y con la máxima urgencia. Hoy nos insisten en la conveniencia de someternos a las medidas y disposiciones que han dictado, señalando que la enfermedad puede ser mortal para aquellas personas más vulnerables, enfermos crónicos y ancianos. Mientras hay vida, hay esperanza. El hombre es libre, y puede rectificar. Y la ayuda, la gracia, de Dios, nunca le ha de faltar. Así nos lo decía CALDERÓN en “El gran teatro del mundo”: Obrad bien, que Dios es Dios.

Javier Amo Prieto