Llegaron los primeros calores, como todos los veranos. Y con ellos, las primeras alarmas y los primeros miedos sembrados desde los medios de comunicación: la mayor temperatura jamás registrada, el mayor calor de la historia, lo nunca visto, el horror climático… Ninguna de esas noticias es cierta, como podría comprobarse buscando un poco los datos de años y décadas anteriores. Por estas temperaturas, y por más altas todavía, ya hemos pasado y volveremos a pasar. Pero la campaña de amedrentamiento masivo está muy bien coordinada desde las alturas internacionales.

Para que la teoría del calentamiento antropogénico sea eficaz necesita traspasar los eruditos ámbitos científicos hasta impregnar el último rincón de la opinión pública. De ahí el incesante lavado de cerebro para mantener a las masas en perpetuo temblor. Sin ese lavado de cerebro, y con la lenta pero constante constatación de que las cosas del clima actual no son excepcionales, el miedo se disolvería y sus beneficiarios perderían su influencia y sus ingresos.

Los ejemplos de manipulación se cuentan por miles y no dan descanso a sus víctimas. Uno muy interesante, que tengo en este momento ante mis ojos, es el de un noticiero meteorológico alemán que muestra el mapa de temperaturas del mismo día, el 21 de junio, solsticio de verano, de dos años distintos, el 2017 y el 2022. En el primero dominan los colores verdes, representando normalidad. En el segundo abundan los naranjas y rojos, representando exceso de calor. Lo divertido del asunto es que las temperaturas que aparecen en el primero son seis o siete grados superiores a los del segundo. Así se convence a la gente de que se está achicharrando con temperaturas anormales.

En España sucede lo mismo, con insistentes comentarios de los informativos cuando las temperaturas superan la media para la época del año y menciones superficiales, si las hay, cuando sucede lo contrario. Si llueve y hace frío, es una borrasca aislada, pero si llega el anticiclón, es cosa del cambio climático. Los incendios ya no los provocan los imprudentes y los pirómanos, sino el cambio climático, aunque el número y extensión de ellos haya disminuido notablemente en las últimas décadas. Al verano se le llama olas de calor, al invierno, olas de frío, a las borrascas, danas, a las tormentas, ciclogénesis explosivas. ¡Explosivas! ¡Como para no mirar al cielo con pavor!

Si la rotación de la Tierra se acelera, es por el cambio climático. Si se ralentiza, es por el cambio climático. Con sólo un año de distancia, los periódicos españoles plasmaron magníficamente la incoherencia climática: en diciembre de 2023 lamentaron que el cambio climático estuviese provocando la escasez de nieve en las estaciones de esquí, mientras que en diciembre de 2024 alertaron de las intensas nevadas provocadas por el cambio climático. Todo vale. El cambio climático es el comodín que siempre gana.

Por si se necesitaran más pruebas de la manipulación, el Observatorio de Salud y Cambio Climático de los ministerios de Sanidad y para la Transición Ecológica acaba de publicar el documento Salud y Calor. Guía práctica de comunicación verano 2025, «dirigido principalmente a los profesionales de la comunicación, personal sanitario, responsables institucionales, periodistas, comunicadores del tiempo o divulgadores científicos y, en general, a todas aquellas personas encargadas de diseñar, emitir o coordinar mensajes sobre salud y calor dirigidos a la ciudadanía». Y el ciudadanío. Porque «todos y todas» pueden ayudar en este magno proceso de creación de la opinión. O más bien de inoculación de creencias, ya que no en vano ése y no otro es el término que se les ha escapado para definir lo que la gente tiene sobre el cambio climático. Pero no todos, claro, porque no hay que olvidar que queda una malvada minoría de «negacionistas» que siguen resistiéndose a aceptar «la evidencia científica».

Las instrucciones para la manipulación son claras: «Evita utilizar imágenes positivas al hablar del impacto del calor en la salud: no usar imágenes vacacionales, playas abarrotadas, paseos al sol, gente en terrazas, personas tomando el sol, etc. Utiliza imágenes negativas para asociar el calor al riesgo para la salud: hospitales, salas de urgencias, personas yendo al médico, siendo atendidas por servicios sanitarios o personas pasando un mal rato al sol (mareadas, abanicándose, sudando, no pudiendo dormir)».

Finalmente, dado que «una de las claves de la persuasión es la repetición», los comunicadores, cuando el calor apriete, han de «aumentar la intensidad de la comunicación de las amenazas, haciendo hincapié en los peores riesgos para la salud (golpes de calor, mortalidad, etc.) usando una comunicación más imperativa y directa para aumentar la sensación de riesgo inminente».

Nuestros benéficos gobernantes lo saben muy bien: el miedo es la mejor manera de impedir el pensamiento racional y conseguir la sumisión de las masas.

 

Jesús Laínz

Jesús Laínz