El pasado 15 de marzo el gobierno decretó un confinamiento general de la población que tuvo a todos los españoles encerrados en sus casas hasta el día 2 de mayo (el 26 de abril ya podían salir los niños). A pesar de que el Gobierno fue capaz de dar a las mascotas (que sí podían pasear) más derechos que a los niños y los ancianos, la población lo aceptó con la docilidad de un rebaño de corderos sumisos, asustados por el terrible leviatán microscópico que atemorizaba a todo el mundo y, con él, a España.

Las distintas fases de la llamada «desescalada» nos situaron a un nivel de cuasi normalidad medianamente aceptable durante todo el verano, pero ahora, llegado el otoño, de nuevo quieren volver a someternos a restricciones difícilmente aguantables. Las autoridades han pensado, quizá, que todo el mundo volvería a acatar sumisamente las prohibiciones ilegítimas, a veces absurdas y, en ocasiones, difícilmente justificables. Pretenden arruinar a nuestros autónomos, encerrar a nuestros jóvenes, clausurar nuestros templos…; quieren, básicamente, sumirnos sin problema en un nuevo caos social. Pero la realidad es que esto no está siendo tan extremadamente fácil como en marzo. Algunos corderos, quizá queriendo emular a los porcinos de la «Granja Animal» Orwelliana, se han atrevido a levantar la mirada hacia el injusto pastor y a decir NO. Se han vivido manifestaciones y protestas, incluso violentas (cosa que, por supuesto, no comparto), en muchas de nuestras ciudades, y eso pone muy nervioso al gobierno social-comunista que sufrimos.

La izquierda está acostumbrada a canalizar el descontento ciudadano y a tomar el mando de las protestas sin problemas, pero ahora lo tienen más difícil, porque el descontento ciudadano va dirigido contra ellos. Además, quienes se quejan son, en muchos casos, jóvenes y la juventud es un buen caladero donde pescan sus votos los autodenominados «progresistas».

Como consecuencia de ello, el tripartito ve venir un desgaste fuerte reflejado en la caída del número de votos que pueden recibir en las siguientes elecciones, así que estoy seguro de que recurrirán a la única arma efectiva que les queda en este momento para afrontar tal problema: el silencio informativo; en mi opinión muy pronto podremos ver cómo las quejas juveniles, las concentraciones de nuestros hosteleros y las manifestaciones de los autónomos desaparecen de los informativos y de la prensa. Tiempo al tiempo.

 

C.R. Gómez 

C. R. Gómez