En anteriores posts ya hablábamos de algunos de los pronósticos más comedidos, por parte de reconocidos analistas de mercados, sobre el impacto económico de la crisis sanitaria del coronavirus. Recientemente se ha hecho público el que muchos consideran el mejor informe preliminar, elaborado por el servicio de estudios de la firma GOLDMAN SACHS.

En este informe, se estima una caída del 4 % en el PIB durante el primer trimestre de este año, y otra más profunda, del 11 %, para el segundo, lo que supone el triple del descenso observado  entre enero y marzo de 2009, el punto álgido de la anterior crisis económica, que ha pasado a la historia con la denominación de “la Gran Recesión”.

Podríamos concluir el ejercicio en curso con un descenso de la producción en el entorno de los 9 puntos porcentuales en términos de PIB, todo ello en un escenario en el que el déficit público podría alcanzar cotas cercanas al 10 %, como consecuencia de la caída de los ingresos derivada del descenso de la actividad económica y el incremento generalizado de los gastos para hacer frente a esta situación de emergencia.

La caída de la demanda exterior, rectius global, constituirá otro factor adverso a tener en cuenta. Se esperan caídas en el Reino Unido y en Estados Unidos que oscilan entre el 7 y el 8 % del PIB, de forma más patente a partir del segundo trimestre del año. Sin perjuicio del margen de error que puede darse y de hecho se da en este tipo de proyecciones, se empieza a contar con evidencia empírica que apunta, por ejemplo, a una fuerte caída del consumo eléctrico asociado a la actividad empresarial, el transporte o las ventas de los comercios. Los datos que aporta el Índice Preliminar de Gestores de Compras de la Eurozona, ponen de manifiesto una caída, con carácter general de 51,6 a 31,4 puntos, sólo en el mes de febrero; este descenso ha sido más moderado en manufacturas (de 49,2 a 44,8 puntos) y más acentuado aún en el caso del sector servicios (de 52,6 a 28,4 puntos). Se trata, sin duda, del mayor colapso económico de la actividad económica que ha vivido Europa en dos décadas, y a nosotros nos ha pillado con un gobierno radical comunista. ¡Premio¡

La destrucción de la senda de crecimiento proviene de tres factores principales: fuerte caída de las ventas al exterior, shock en las cadenas de suministro y desplome de la demanda interna o doméstica. La propagación de la epidemia ha hecho que en el caso de España el tercer factor tenga en la práctica el protagonismo, puesto que ha determinado la necesidad de rigurosas medidas de confinamiento que reducen significativamente la actividad económica.

Desde una perspectiva sectorial, el impacto de esta crisis va a ser muy desigual. Indudablemente el principal golpe lo recibirán el arte, la cultura, el ocio y el entretenimiento, con caídas en el entorno del 90 % en los peores momentos. Análogamente, se estima un desplome del 30 % en el transporte y la restauración, un 20 % en la industria y del 10 % en el sector inmobiliario. Todos estos datos son promedios para la Eurozona, así que tengan en cuenta lo que queda de estructura económica y tejido productivo en España y hagan mentalmente la traducción de lo que todo esto va a suponer para nosotros, y familia.

Se prevé que la caída alcance máximos en Italia durante el mes de marzo y alcancen su punto más grave en abril en el resto de economías europeas. A partir de ese punto, el daño empezaría a reducirse de forma progresiva, entrando en terreno positivo pero sin compensar el descenso del primer trimestre.

Debido al desigual impacto de la pandemia en los distintos países considerados, el informe concluye que el proceso de recuperación será también muy distinto en unos y otros. Se espera que Alemania y el Reino Unido se enfrenten en principio a una situación de partida menos desfavorable, mientras que Italia, por el momento, se llevaría la peor parte… seguida de España. Estas diferencias se acentúan aún más en función de las características de las respectivas estructuras económicas, por el desigual peso de sectores como la industria (menos afectadas) y el turismo(gravemente afectado por la pandemia).

Todos los estudios coinciden asimismo en señalar la perspectiva de un cierto “efecto rebote” en 2021, si bien no alcanzaría en cualquier caso a compensar las caídas producidas en el ejercicio actual.

En definitiva, hay que hacerse a la idea de que vamos a tener que bregar muy duro para sacar adelante a nuestras familias y a todo el país. Indudablemente, una calamidad de esta envergadura supone un reto para cualquier Estado, pero resulta claro que las autoridades en España han cometido graves negligencias, y si han adoptado medidas severas lo han hecho muchas veces obligados por las dimensiones que ha llegado a tomar la propagación de la epidemia a causa de sus propios errores. Como elemento positivo, estamos descubriendo que la sociedad civil existe y, en estos momentos críticos, está dando muestras de una vitalidad extraordinaria. Junto al sistema sanitario y al Ejército, las empresas, las instituciones de la Iglesia y los monasterios, y tantos y tantos ciudadanos anónimos están trabajando a pleno rendimiento para contener la expansión del virus y socorrer a los afectados por la infección. Esto promete, pero si se aburrían, o les costaba coger el sueño y se pusieron a ver en televisión la retransmisión del debate en las Cortes, ya sabrán lo que piensan muchos de los que en este momento llevan la sartén por el mango: lo público es lo único que vale, y lo público, en su mentalidad sectaria no es ni siquiera lo estatal, sino que es algo mucho más ruin, es lo que se encuentra bajo su control inmediato. Tomen nota de cara al desafío que tenemos por delante, por si no tenían claro que entre quienes nos desgobiernan se da una apabullante incapacidad mórbida para entender y respetar la libertad de los demás.