Ayer casi salto de la butaca, preso de indignación, ante los desaforados ataques de Pedro Sánchez al Tribunal Supremo, por la sentencia del infausto fiscal general de la PSOE, que no del Estado.

En realidad, Pedro Sánchez, aspirante a dictador, cree que el Estado español es él, y todos los poderes que le lleven la contraria deben ser exterminados…

Hoy por hoy, colonizadas y okupadas ya por sus palanganeros, mamporreros y palafreneros todas las instituciones que deberían servir de contrapoderes, como corresponde a un Estado de Derecho, solo se le resiste el Poder Judicial, y no sabemos por cuanto tiempo, vistas las reformas que propugna Bolaños, del que dicen que es masón, y no me extrañaría nada.

¿A ustedes les parecen “normales” estos ataques iracundos contra el Tribunal Supremo, de un Presidente del Gobierno, que cada día parece más demenciado, habiendo perdido totalmente los papeles, si es que alguna vez supo estar en su sitio…?

Cualquier jurista, leguleyo, picapleitos o abogado de secano, y Sánchez pertenece a esta última categoría, sabe que el Tribunal Supremo es el más Alto Tribunal ordinario, como proclama la Constitución, y que sus Sentencias deben ser acatadas y cumplidas.

Y no hay más que hablar.

Pero que una caterva de iletrados, falsos doctores en economía, licenciados en ciencias políticas marxistas, por la UCM, o ingenieros superiores por la “universidad” de la PSOE, es decir, de su imaginación, pretendan enlodar el trabajo de siete muy dignos Magistrados del Tribunal Supremo, que han llegado al generalato de la carrera judicial, después de décadas de trabajo y estudio constante y sacrificado, clama al Cielo.

¿Y qué se pretende…?

Pues deslegitimar al Tribunal Supremo en particular, y a todos los tribunales, magistrados y jueces, en general.

Lo que me extraña es que no haya salido ya el correveidile de turno a pedir “tribunales populares”, como en la Segunda República, culpables de miles y miles de asesinatos, disfrazados de “sentencias populares”…

Estoy contento de vivir en un Estado de Derecho, y de que el Derecho embride el poder político y, repito, no sabemos por cuanto tiempo.

¡Nunca tantos, más de cuarenta y nueve millones de españoles, han debido tanto a tan pocos, unos cinco mil quinientos jueces profesionales!

Y todo español decente debe respetar y acatar sus Sentencias, le sean favorables o no, como corresponde en democracia.

¿Alguién duda de que la democracia desaparecería si no hubiera una clara separación de poderes, y un sistema de contrapesos entre los distintos poderes constitucionales…?

Estoy satisfecho del trabajo de nuestro Tribunal Supremo.

Y lo estaría igualmente si la sentencia hubiera sido distinta.

Es la grandeza, y la fuerza, del Derecho y de la Jurisprudencia.

 

Ramiro Grau Morancho

Académico, jurista y escritor

https://www.graueditores.com

Ramiro Grau Morancho