Cuando un miembro de una organización criminal es cogido in fraganti, puede hacer dos cosas:

Comerse el marrón, que significa asumir toda la culpa, y no delatar a nadie de la organización, y, consiguientemente, penar por sus delitos, con la mayor dureza, o

Delatar a otros miembros de la organización criminal, colaborando así con la Justicia, y recibiendo los beneficios penitenciarios correspondientes, por haber ayudado a acabar con esa banda.

Marrón es el color de los sumarios, por eso se habla de “comerse el marrón”, cuando un delincuente está dispuesto a asumir su culpa…, y la de los demás.

Normalmente, esas organizaciones criminales se ocupan de la familia del delincuente, sobre todo durante su estancia en el “hotel de las rejas”, y a su esposa e hijos, no les falta de nada, y la banda provee a su subsistencia, asegurándoles un nivel de ingresos suficiente para que no pasen estrecheces…

Y, al mismo tiempo, les busca los abogados, muchas veces tan criminales como ellos, para que pongan toda clase de obstáculos a las ruedas de la Justicia (están en su derecho, obviamente), coordinando su defensa con los intereses de la organización criminal, y evitando que se arrepientan, en los momentos de bajón que tengan, para evitar que acaben tirando de la manta.

La vida es muy distinta en libertad que en el “hotel” que pagamos todos, sobre todo cuando se ha disfrutado de una gran vida, “sobrinas” para dar y regalar, y toda clase de lujos…

Parece claro que Aldama ya ha tirado de la manta, y gracias a ello ha conseguido un buen trato con la Justicia, que ha sido extremadamente generosa con él, al solicitarle unas penas de prisión bastante menguadas.

Hay que decir también, en honor a la verdad, que él no era funcionario público, como Ábalos o Koldo, por lo que, siendo muy grave su actuación, lo es menos que la de los otros dos procesados, cargos públicos que, presuntamente, han defraudado la confianza que la sociedad deposita en aquellas personas a las que se confía la gestión de los intereses públicos.

Pero, al menos en mi opinión, sigue faltando el hilo conductor a la Moncloa, en otras palabras, los datos que permitan demostrar que estamos ante la caja B. del PSOE, o más bien del régimen comunista sanchista, pues el partido como tal, ya no existe.

¿Y quién tirará de la manta, para evitar acabar muriendo en prisión, eso suponiendo que no sufra un accidente, en la cárcel o fuera de ella…?

Está claro que solo podrá acogerse a esos beneficios uno de los dos procesados, Ábalos o Koldo, por lo que ambos están en un momento crucial de sus vidas.

Mañana veremos, Dios mediante, quién está dispuesto a comerse el marrón, y quién prefiere colaborar con la Justicia, aunque solo sea buscando su propio, y legítimo, interés.

 

Ramiro Grau Morancho

Académico, jurista y escritor

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Ramiro Grau Morancho