El título es en plural, porque creo que afecta a todas las democracias, aunque no en la misma medida. Por ejemplo, si consultamos ‘Transparencia Internacional’ podemos ver que, habitualmente, países como Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda encabezan el ranking de países con menor percepción de corrupción.

El índice de ‘Transparencia Internacional’ clasifica a 180 países y territorios utilizando una escala de 0 -lo peor- a 100 -muy baja corrupción-. Pues bien, la democracia venezolana recibe una puntuación de 13. O sea, mucha corrupción.

¿Cree usted que, a pesar de que Dinamarca y Venezuela son oficialmente consideradas democracias, pueden jugar en la misma liga?

El fracaso de las democracias -como dije- no es uniforme. No tiene sentido decir que Dinamarca y Venezuela han fracasado. Son demasiado diferentes. Pero en este ranking de 180 países hay unos aspectos que fomentan el fracaso de las democracias.

Por si alguien tiene dudas al respecto, recordaré algo de lo que pasa en España.

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, dijo, reiteradamente y en público, que nunca pactaría con Bildu, los herederos políticos de la banda terrorista ETA. Ha pactado. Y es su socio político.

Sánchez es el presidente que más ha utilizado el decreto -ley para sacar adelante sus iniciativas, sin pasar por las Cortes, aunque en principio esta fórmula está reservada para asuntos de urgencia.

Desde que Pedro Sánchez llegara a la Moncloa, en junio de 2018, el presidente del Gobierno ha asaltado numerosas entidades del Estado, colocando a militantes socialistas -o a ciudadanos afines a su ideología- al frente de las mismas. Hoy en día ya hay 40 instituciones colonizadas por Sánchez. (El Debate)

No hace falta explicar que la colonización de las instituciones es un comportamiento antidemocrático, porque las instituciones están al servicio del interés general, no al servicio de los intereses del presidente de turno.

‘El Gobierno de Pedro Sánchez ha diseñado un plan a cuatro bandas para someter al Poder Judicial en pleno estallido de corrupción contra su familia, su partido, su Gobierno y él mismo’. (Libertad Digital)

‘ERC ha diseñado el sistema del cupo catalán para quedarse con 30.288 millones que no les corresponden. Sánchez cede a Cataluña la gestión total de impuestos, creando un sistema fiscal propio inconstitucional y rompiendo la solidaridad’. (Libre Mercado).

O sea, una forma inconstitucional -por la puerta de atrás- de romper la unidad de la nación española consagrada en la Constitución. Y de romper la caja común de todos los españoles.

Con independencia de los errores cometidos por los ponentes de la Constitución de 1978, en diversos aspectos, como el de aceptar el término ‘nacionalidades’, y otros errores que ahora no quiero comentar, el más importante es -en mi opinión- que no se establecieron mecanismos para parar los pies a un presidente de gobierno sin escrúpulos.

Tenemos un presidente -Pedro Sánchez- que no tiene límites salvo su permanencia en el sillón presidencial. Los ponentes constitucionales no pensaron que fuese posible que un político corrupto y traidor, a la Constitución y a España, pudiera alcanzar la presidencia del gobierno.

Tan grave es la situación (hablamos de España 2025), que destacados medios como The Times y The Economist han dicho que el presidente Sánchez pone la democracia española en peligro. Y llegan a compararlo con el gánster Don Teflón, apodo de John Gotti, conocido mafioso estadounidense del siglo XX.

¿Qué es el PSOE? ¿Una mafia dentro de un partido o un partido dentro de una mafia? (LD/FJL)

Dicho esto, señalo tres aspectos que facilitan la degeneración de las democracias, salvo que se les haga frente. Dos de ellos los señaló el gran filósofo Kant, la pereza y la cobardía. Dijo que estos defectos mantienen a los hombres en la infancia. Y si esto es cierto, y así lo creo, es más fácil la manipulación de las conciencias infantilizadas. Este es el trabajo sucio de las criadas mediáticas subvencionadas y profes/tertulianos progres.

El tercer aspecto (no es de Kant, pero me atrevo a añadirlo de mi cosecha) es el autoengaño. O sea, creo que las cosas son como me gusta creer que sean. Pongo un ejemplo para abreviar. Qué disgusto se llevaría un fanático socialista de puño en alto, si tuviera la honradez de darse cuenta de lo corrupto y traidor que es el gobierno que apoya con su voto. Esto no significa aplaudir al PP de Alberto. Su lema ‘gestión y moderación’, (en tiempos en que peligra la democracia), muestra su mediocridad política.

Finalmente, si el sistema educativo -con las honrosas excepciones-, no trabaja para fomentar el esfuerzo, mérito, respeto, espíritu de superación… ¿Qué tipo de sociedad nos espera?

‘El analfabetismo ha llegado a la universidad, en mi facultad hay quien no sabe leer ni escribir’, denuncia el catedrático Espejo…‘Las generaciones actuales están bastante idiotizadas’. (El Español)

Supongamos que este catedrático tiene razón. ¿Qué democracia se puede construir con generaciones ‘bastante idiotizadas’-con derecho a voto- y una chusma gobernante corrupta y sin escrúpulos?  ¿Le recuerdo quién nos gobierna? Socialistas, comunistas, separatistas, golpistas y herederos políticos de la banda terrorista ETA.

Alejandro Cercas (histórico dirigente socialista): ‘Si el PSOE no cambia, vamos al desastre nacional’.

No es una figura retórica. No se haga ilusiones.

 

Sebastián Urbina

Sebastián Urbina