El Liberalismo católico o Catolicismo Liberal

Antes de entrar en faena, recomiendo leer el excelente articulo en El Criterio de Iván Guerrero Vasallo, un resumen de lo que es el Catolicismo Liberal:

https://www.elcriterio.es/2020/10/03/lo-repito-para-la-gente-que-sigue-sin-pillarlo/

Los seguidores de la falsa postura que siguen de forma intencionada la unión del Liberalismo con el Catolicismo se califican como Liberal Católicos o Católicos Liberales

Y puestos manos a la obra para describir lo qué son las falsas ideas del Liberalismo y en concreto de este Catolicismo Liberal, pasaremos revista a los principales autores, pensadores y filósofos Católicos y alguno de los que lo son, pero, adscritos o sin saberlo o en pleno conocimiento de causa como el historiador y jesuita García de Cortázar fallecido en 2022.

De los Católicos que profesan la FE de Cristo, la FE de veinte siglos e inmutable, destacamos al mencionado padre Sardá y Salvany y su libro, El Liberalismo es pecado, el mejor pensador tomista español, Francisco Canals Vidal y catedrático de Metafísica del que recomendamos dos obras, la primera, ¿Por qué descristianiza el Liberalismo? en Verbo, núm. 439-440 (2005), 817-828. (Fundación Speiro) y Cristianismo y Revolución (segunda edicion1986, la primera de 1957, Editorial Speiro).

Del articulo precedente

Recordamos que la Masonería es el alma mater del Liberalismo y es una sociedad adogmática que presume de NO aceptar ningún dogma, de manera que niega todos y cada uno de los dogmas de nuestra FE Católica.

… niega cada uno de los dogmas, parcialmente o en concreto, a medida que, según las circunstancias, los encuentra opuestos a su criterio racionalista.

Si para un Católico adherirse al Liberalismo en mayor o menor grado es un error de FE y un pecado contra el Espíritu Santo, mayor aberración es el denominado Catolicismo Liberal cuyo inventor fue La Mennais, sacerdote francés que después de manifestarse con toda su energía contra el Liberalismo en sus primeros escritos, después renegó de su FE y se pasó al error.

Francisco Canals filósofo y creador de una escuela fecunda de seguidores arremetió contra La Mennais en su obra Cristianismo y Revolución

Algunos Liberales pueden ser o son, Católicos bien intencionados y no son conscientes de la realidad del Liberalismo, ni tampoco de sus errores, suponemos que por ignorar o la perversidad de las ideas Liberales o por desconocimiento de nuestra FE en Cristo o bien son Ingenuos seguidores que olvidan las consecuencias morales para las personas y sociedades cristianas de los mal llamados valores del Liberalismo.

Como escribe Sardá y Salvan y algunos seguidores del Catolicismo Liberal fueron “ … preclaras inteligencias y honradísimos corazones y nació este funesto error de un deseo exagerado de poner conciliación y paz entre doctrinas que por su propia esencia son inconciliables enemigas. El Liberalismo es el dogma de la independencia absoluta de la razón individual y social; el Catolicismo es el dogma de la sujeción absoluta de la razón individual y social a la ley de Dios”.

Puede ser el caso del jesuita e historiador – dicen que preclaro – García de Cortázar que daba por buena la Constitución del 78 y el régimen de partidos nacidos de esa mal llamada Carta Magna, demostrando o que era un Ingenuo o que en su momento estudióTeología – era doctor en Teología – y aprendió el Catecismo, actuaba de mala fe y en connivencia con los enemigos de Cristo. Cortázar furibundo PePero  y considerado como su historiador oficialista era fanático partidario de la legalidad republicana nacida en 1931, detractor y enemigo de la Sublevación del 19 de julio de 1936 del Requeté en Pamplona y, por tanto, un Católico Liberal, sin decirlo nunca a las claras.

Para mayor Inri el supuesto jesuita en una entrevista en ABC el 05/02/2014 se manifiesta con claridad como Liberal e ignorando la Historia Verdadera se pone al lado del Liberalismo contra las guerras Carlistas. Si esto es Ignorancia o Ingenuidad

El caso del jesuita bilbaíno es el ejemplo claro de un Católico que de Ingenuo no tiene – tenia – nada y la tesis de la bondad expuesta por Sardá y Salvany, entendemos que NO existe o son casos aislados. Todo Católico que sostiene en parte o en su totalidad las ideas Liberales es un hereje y calificarle como Católico es una falacia. Cortázar era un Liberal a sabiendas.

Como prueba del Liberalismo recalcitrante de este jesuita, su conferencia en el Club Liberal de Madrid:

https://www.youtube.com/watch?v=TRF8aTw-Si8

García de Cortázar fue profesor – catedrático – en la universidad jesuítica – se supone que Católica – de Deusto donde contaba con el beneplácito de la Orden de San Ignacio que en esos momentos su máximo exponente era el Papa Francisco.

El “caso” de un sacerdote (¿?) y jesuita impartiendo sus ideas en una universidad Católica como es Deusto indica con claridad la infiltración del Liberalismo en una parte de la Iglesia.

Infiltración a la vista del difunto Papa Francisco y jesuita del que nos parece inimaginable que NO supiera lo que pasaba en la universidad – sedicente Católica – y, por más señas, jesuita.

¿Podríamos afirmar que Francisco era uno más entre los Católicos Liberales?

Todo permite indicarlo.

La Iglesia libre, en el estado libre

Uno de los valores– una broma pesada – centrales del Liberalismo es la Separación de la Iglesia del Estado, principio masónico por excelencia.

Los valores masónicos coinciden en su totalidad con el Liberalismo y su facción Liberal Catolicismo

Un poco de Historia:

Tomamos de un texto de Charles Benoist en la Revista de “Los Dos Mundos”, 5 época, tomo 28, 1905, (págs., 343-372)

Aunque se atribuye la célebre frase al conde de Cavour – masón -, los antecedentes de su correspondencia cruzada con Montalambert sugiere que fue este último su inventor.

La frase de Cavour no se hizo desde la ignorancia sino de la auténtica – y perversa -doctrina del Liberalismo por intereses concretos y como objetivo el apoderarse de los Estados Pontificios y del Papa Pio IX y, por supuesto, la destrucción de la Doctrina de Cristo.

Constatamos que la ingenuidad que Benoist atribuye a Cavour no es tal ya que era un furibundo masón. La habilidad de las sectas es mantener el secreto de la afiliación de sus miembros para, más tarde, exhibirla para presumir de sus logros.

La frase no esconde de ninguna manera la intención del momento de separar la Iglesia del Estado como paso previo para debilitar a la Iglesia.

Volvemos a enfatizar las intenciones perversas de la masonería y como la separación del Estado de la Iglesia de Cristo era y es uno de sus objetivos prioritarios.

Tanto Benoist como Sardá y Salvany siguiendo el criterio de la Iglesia de condenar el error y perdonar al pecador suponían que tanto Cavour como La Mennais lo pretendían quizás de buena fe. De los políticos, todos o casi todos en esa época pertenecientes a diferentes logias o francesas o italianas como Cavour y aunque se manifestaran como Católicos, sobre ellos planea la duda – tenemos la certeza – de que obraban moviéndose por intereses perversos y siempre dándole la vuelta al orden establecido por Dios.

Durante el papado de Pio IX, no solo le acechaban los numerosos errores sino la pretensión de los políticos de los diferentes reinos de Italia de reducir los Estados Pontificios a la nada y quitar al Papa todo poder temporal de ahí la genial  idea y como fase previa de Separar la Iglesia del Estado.

No hay que ser un genio para descubrir que detrás de todos los manejos se encontraba como siempre la masonería y en el caso de Italia, unas logias poderosas y extendidas no solo al ámbito de la política sino una infiltración profunda entre el cardenalato.

Charles Benoist se plantea:

¿Realmente quería Cavour la separación de la Iglesia y el Estado? ¿lo quería con la misma intención, el mismo espíritu y la misma forma, para el mismo fin y por los mismos medios?

 ¿De dónde sacó Cavour la frase: “la Iglesia libre en el Estado libre”?

«¿Era suya o la había tomado prestada de alguien, y de quién? ¿Qué significado preciso le atribuyó y qué ¿Qué alcance exacto pretendía darle? ¿Qué era para él “la Iglesia Libre” y qué era “el Estado Libre”? ¿Se refería a la Iglesia universal y al Estado en general? ¿O solo a la Iglesia romana y al Estado italiano? ¿Era un axioma para uso de los políticos, válido para todos los tiempos y para todos los países en todas las circunstancias? ¿O era, por el contrario, solo una solución buena para un tiempo y para un país en circunstancias pasajeras; buena, en 1860, para el Piamonte que buscaba la manera de llegar a Roma? ¿Era una pantalla? La aparente claridad de la fórmula no es más que una falsa claridad; y sería un insulto a una inteligencia tan clara como la de Cavour, insinuar que quizá no sabía muy bien lo que quería decir: sin duda lo sabía muy bien, pero nunca lo decía muy explícitamente.

A los interrogantes de Benoist los lectores poseen la respuesta con claridad meridiana.

Cavour pretendía ab initio y como objetivo inmediato la separación de la Iglesia de Roma para luego su conquista.

Como buen masón que era, el objetivo final era que todos los estados cristianos de Europa se separaran de la Iglesia Católica.

La frase: la Iglesia libre en el Estado libre se pronuncia por Cavour la primera vez en la Cámara de Diputados de Turín el 27 de marzo de 1861, con ocasión de la interpelación del diputado Audinot:

“… convencer al Pontífice de que la Iglesia puede ser independiente, perdiendo el poder temporal… Santo Padre, el poder temporal ya no es para usted garantía de independencia; renuncie a él, y le daremos esa libertad que ha pedido en vano durante tres siglos a todos los grandes poderes católicos… Estamos dispuestos a proclamar en Italia el gran principio: la Iglesia libre en el Estado libre”.

En esa década de 1860 tuvieron lugar los movimientos y guerras que condujeron a la reunificación italiana con Víctor Manuel II de Saboya como futuro rey de Roma después de la retirada de los franceses de Napoleón III y la derrota del reino de Nápoles por obra de Garibaldi.

Todos los nombrados desde Víctor Manuel II hasta Garibaldi, masones, pasando por el ya nombrado Cavour y, por supuesto, Napoleón III.

La reunificación de Italia aunque en principio parecía una complicada obra de arte o una estrategia muy elaborada, dado que todos sus intervinientes de una parte y otra eran hermanos masones Liberales lo más probable que todo fuera un pacto y una patraña para apoderarse de los bienes y territorios pontificios y debilitar al Papado y a la Iglesia. La reunificación terminó con la entrada de las tropas piamontesas en 1870 en Roma en el tiempo de Pio IX que se declaró prisionero en el Vaticano. La separación de la Iglesia y el nuevo estado italiano se había conseguido por la fuerza.

La masonería amante y promotora de la PAZ, cuando no obtiene sus propósitos, acude a la guerra.

Aunque NO es trascendente Montalembert en una carta dirigida al conde de Cavour reivindica la paternidad, aunque niega el uso que Cavour quiere hacer de ella:

“Señor conde en sus discursos del 27 de marzo y del 9 de abril… anunciáis que una vez en Roma proclamaréis este gran principio: la Iglesia libre en el Estado libre… tomando prestada la fórmula que utilicé hace unos meses y resumís lo que prometéis al mundo católico y al Papado a cambio de su capital profanada y de su patrimonio robado”.

El autor de la célebre frase, la Iglesia libre en el Estado libre fue Montalambert que siendo Liberal era uno de esos Católicos Liberales asustado por las consecuencias… ¿Ingenuidad, Ignorancia o mala fe?

Canals Vidal en su libro Cristianismo y Revolución, reconoce que La Mennais es el padre del Liberalismo Católico así como los Lacordaire, Dupanloup y el citado Montalembert.

La democracia cristiana como partido político y que tuvo un auge en la posguerra de 1945 en Alemania e Italia tuvo su origen y sus bases ideológicas en este Catolicismo Liberal de La Mennais y sus seguidores/discípulos.

Siguiendo a Canals “… la mayoría de los llamados católicos liberales del siglo XIX fue en el aspecto «social» partidaria del capitalismo, y políticamente agrupada bajo la bandera del parlamentarismo monárquico de entronque doctrinario”.

Sigue:

«Hay que escoger hoy día entre el catolicismo y el socialismo», proclamaba Montalembert en 1850. El catolicismo liberal del siglo XIX puede definirse como entusiasta del constitucionalismo liberal de la burguesía moderada, pero sólo resignado a la democracia y decididamente opuesto al socialismo.

El párrafo anterior de Canals representa el éxito de los movimientos o partidos liberal-católicos que para justificarse se enfrentan con fuerza al socialismo.

La propuesta de esos partidos era sencilla: por un lado, qué buenos somos que nos enfrentamos al socialismo y, segundo, si no te gusta el socialismo, solo existe la solución de los partidos liberales católicos… un engaño colosal.

Lo que no nos dicen estos Liberales Católicos que el socialismo y comunismo son doctrinas procedentes del Liberalismo y que en un momento confluirán. Una estafa ideológica para consumo de Ingenuos que, además, me atrevo a calificarles como Ignorantes.

Sobre los demócratas cristianos nos expresamos en diversos artículos y calificándolos como movimientos dirigidos por masones bajo la Ingenua mirada – en ocasiones – de la jerarquía católica que no sabemos en qué estaban pensando o si eran incapaces de descubrir la trampa ideológica contraria a nuestra FE porque este Carlista sigue pensando que toda – toda – autoridad y poder, proceden de DIOS, de manera que estos miserables canallas de la democracia cristiana al aceptar las constituciones y la democracia subsiguiente se encuentran fuera de la Verdadera Iglesia.

La habilidad de las sectas de masones eligiendo en cada caso y en cada país al católico devoto – muy devoto – adecuado es clave en ese reconocimiento por la Iglesia y su apoyo, Conferencias Episcopales incluidas.

Nos referimos en especial al muy pio católico Konrad Adenauer y al no menos devoto Alcide de Gasperi, ambos masones reconocidos.

Tampoco hay que olvidar al masón incluido en su lista por Magaldi en su libro Massoni de 2017, Robert Schuman autor del Plan Schuman de la CECA o Comunidad Económica del Carbón y del Acero, antecedente de la Unión Europea y dicho Plan fue redactado por otro masón, Jean Monnet, francés y consejero principal del presidente de los EE.UU. Harry S. Truman – grado 33 de la masonería -. Algo extraño que el documento fundacional de la UE se redactara en los masónicos EE.UU. y, además firmado en 1950 en la Embajada americana en… Paris.

Por cierto, que a instancias del difunto Papa Francisco el nombrado, Robert Schuman, y, también muy devoto Católico y muy masón, fue beatificado hace pocos años… curioso que un Papa Católico beatifique a un masón Liberal y por casualidad sea… Católico… Las casualidades NO existen.

Entrar al trapo para ver si eran o son o proceden o no, estas democracias cristianas del Liberalismo de La Mennais o de sus discípulos, entiendo que no es central en el caso que nos ocupa. Tan simple como escribir que los partidos conservadores, liberales, liberal-conservadores, progresistas… eran todos de la misma ideología miserable Liberal y creaban un falso enfrentamiento entre unas derechas o izquierdas, de la misma forma una clasificación partidista contraria a nuestra FE Verdadera.

Todos los movimientos partidistas en las diferentes naciones de Europa llámense como se llamen y, siendo todos ellos Liberales acérrimos, incluyendo o no un calificativo de Cristiano o de Católico, eran todos en esencia Liberales ortodoxos y acérrimos tanto en lo político como en lo económico y en lo religioso y sus dirigentes en su inmensa mayoría se encontraban en logias o de origen inglés o francés con ligeros matices ideológicos pero con un objetivo común la destrucción de la Iglesia y llevar a los pueblos a la desmoralización, la incredulidad y el laicismo.

Esa fue la historia del siglo XIX dominada de pé a pa por los enemigos de nuestra FE y solo enfrente se encontraba la Comunión Tradicionalista, el Carlismo con su doctrina firme e inmutable.

En España casi todos los políticos sedicentes católicos eran masones de grados elevados situados en diferentes partidos y siempre unidos por ser hermanos masones.

El siglo XX representa un cambio de letreros de nombres de partidos, de términos, de calificativos, pero nunca cambia la esencia de la doctrina Liberal.

Cambian los Gobiernos, los nombres de los Ministerios, pero nada cambia. Solo los tipógrafos, las imprentas y los rótulos y los rotulistas hacen su agosto… para los contribuyentes nunca cambia nada. Las promesas de los políticos se las lleva el viento, promesas de todo cambiar para que nada cambie. Lo anterior no es un pensamiento Liberal sino el resultado de una doctrina perversa que se basa en su patrono Lucifer el rey de las tinieblas y las mentiras.

No es sorprendente, si saltamos un siglo, y, situándonos en el Concilio Vaticano II, verificamos que las ideas Liberales del XIX se instalan en las mentes y tendencias de los padres conciliares que declaran la necesidad de la Iglesia de volcarse hacia el mundo dando la espalda a DIOS.

El daño del Liberal Catolicismo en el seno de la Iglesia de Roma alcanza a todos los estamentos desde las bases hasta los cardenales pasando por los sacerdotes. El Concilio representa una ruptura con el pasado de la Iglesia que se mantenía a duras penas y flaqueando, resistiendo a la infiltración de Satanás, pero siempre dentro de la FE de CRISTO.

Los “vapores de Satanás” en la célebre frase de Pablo VI habían entrado en el seno de la Iglesia y no por una simple y pequeña ranura sino por la puerta grande. El Liberalismo de Lucifer se instalaba en el interior de la Iglesia. El Liberalismo triunfaba. Solo nuestra Resistencia contra la Revolución puede revertir y echar al demonio a su infierno.

Canals lo ve con claridad:

“… hacer derivar del cristianismo un contenido cultural y políticoliberal, democrático, revolucionario, socializante o progresista. … afirmamos que esta unidad existe. La corriente… ha tenido siempre un carácter fundamental y común: la adaptación al siglo, la conciliación con «lo moderno». Georges Weil, queriendo mostrar la continuidad entre el liberalismo católico, la democracia cristiana y el modernismo teológico, escribe:

«Se trata de devolver a la Iglesia su influencia, reconciliándola con la sociedad moderna, y esta conciliación debe hacerse tanto en la ciencia como en la política».

Continua Canals:

Esta fórmula, muy antigua, se halla casi literalmente en cuantos han participado de esta corriente que inició La Mennais: en esta «adaptación» coinciden socialistas y antisocialistas,demócratas por entusiasmo o por resignación.

Pío IX condenó el catolicismo liberal y su intención:

«el Romano Pontífice puede y debe reconciliarse con el Progreso, con el Liberalismo y con la Civilización moderna».

Pio IX estando los Estados Pontificios en el centro del ataque del conde Cavour y sus aliados, no cedió a la afirmación anterior, declarándola contraria a la FE.

Pongo de nuevo la atención del lector en la frase condenada por el Papa en el sentido de que nada cambia incluso en el Liberalismo actual de declararse moderno y acorde con el progreso y su intención de que la Iglesia siga ese camino de errores y perversión. Mencionar, moderno o modernidad, progreso o civilización, son términos vacíos de contenido pero muy sugerentes para los pueblos ignorantes.

Canals caracteriza a La Mennais

Escribimos con anterioridad que La Mennais tuvo una primera época de FE ardiente y a posteriori deriva hacia su fundación del Catolicismo Liberal.

La Mennais como patriarca del liberalismo católico, y cómo su radical actitud pudo servir a los pocos años para justificar la transigencia de los católicos ante la burguesía liberal… La caracterización histórica de esta «intransigencia» que impulsa a la «adaptación» explica la unidad íntima de aquel movimiento, siempre oscilante entre la izquierda y la derecha, en una evolución en torno a un centro cada vez más débilmente fijado frente al progreso de la revolución. El liberalismo de La Mennais era democrático e izquierdista.

Los liberales católicos de mediados de siglo pasado,situados en la posición de «justo medio» – la única que en el curso de toda su vida había sido para La Mennais objeto de violenta antipatía – y deseosos de liberar su programa «conciliador» del catolicismo con las libertades modernas, del recuerdo de la condenación por Gregorio XVI, solían aludir a La Mennais con el tópico característico de los «moderados»: los extremos se tocan. Es decir, argüían que el programa de L’Avenir no había sido condenado por la Iglesia sino por las exageraciones de un hombre que había sido, antes de 1830, el más ardiente propugnador del absolutismo político, del ultramontanismo teocrático y de la filosofía tradicionalista más extrema. El argumento era peligroso para los católicos «intransigentes» por cuanto estos mismos reconocían en La Mennais el iniciador del movimiento ultramontano…

En ese contexto, en 1870 el Concilio Vaticano I, declara el dogma de la infalibilidad pontificia, necesario para sostener al Papa en su lucha contra el Liberalismo y en especial el Católico que avanzaba para devorar a la Iglesia.

Algunos atribuyen la declaración del dogma a los años primeros intransigentes de La Mennais, pero su autoría hay que adjudicarla al Papa Pio IX que necesitaba la inestimable ayuda de la Infalibilidad.

Canals continua con un repaso histórico del Catolicismo Liberal desde la apostasía de La Mennais que contraria al también considerado como “gran filosofo cristiano”, Jacques Maritain que intenta justificar esa apostasía NO al Liberalismo sino a una concepción “terrestre del cristianismo”…

Según Canals los Liberal Católicos emplean la táctica de los extremos se tocan para descalificar y provocar la antipatía hacia el tradicionalismo filosófico y político y el ultramontanismo.

Atribuye el filósofo catalán el cambio de postura de La Mennais al ambiente del romanticismo existente en esos primeros decenios del siglo XIX:

“La conexión es patente, sobre todo desde el punto de vista psicológico y cultural. El estudio del ambiente en que se formó La Mennais y que condicionó el desarrollo y la eficacia de su acción, hace ver que el romanticismo fue el elemento cultural y el ambiente que determinó sus tendencias y orientaciones, su visión del mundo y de la historia.Por haber vivido inmerso total e íntimamente en este ambiente romántico ocurrió que en él «los extremos se tocaron». Por esto resultó, en su caso, verdadero, lo que no es sino una «contra-verdad» cara a la mente romántica.”

Relaciona Canals “el romanticismo que fue el elemento cultural y socialmente constitutivo del catolicismo liberal,que explica su génesis y evolución sucesiva, y a la vez pone en conexión sus más diversas y opuestas actitudes. El romanticismo dio a La Mennais una como naturalidad con el espíritu que impulsa el movimiento histórico de la sociedad contemporánea, y por él se explica la increíble paradoja de que su extraña intransigencia pseudo-teocrática le impulsara a las más audaces alianzas con la revolución moderna. Así se comprende también que en el catolicismo liberal hay mucho más que una pura táctica y actuación política”.

Pido perdón a los lectores por los saltos de una época a otra en este estudio sobre el Liberalismo donde lo importante no es tanto la historia sino la doctrina Liberal y sus mutaciones y falsificaciones ideologías en diferentes nombres de partidos o tendencias.

Pio IX y su condena clara y explicita de todo Liberalismo y del Católico en particular

Condena con claridad el Liberalismo de su época, y, como escribe Canals: “sentó principio que desde entonces no ha hecho sino consolidarse y desarrollarse  en sus consecuencias. La democracia absoluta que ahora se presenta a sí misma como la única forma de poder humano acorde con la naturaleza del hombre se fundamenta en principios filosóficos de los que se deduce lógicamente la absoluta independencia respecto de Dios de la voluntad política de los hombres.”

Gracias por la lectura y mil perdones por la tortura infligida.

Dios Mediante en la Cuarta Parte llevaremos los orígenes del Liberalismo al judío Spinoza.

Viva Cristo Rey

DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO

 

Iñigo Caballero

I. Caballero