La tercería locativa es un concepto jurídico con la finalidad de definir y perseguir a las personas que se lucran con la prostitución.
Abarca desde los “empresarios” del gremio, hasta las personas que facilitan locales y pisos para ejercer el “negocio de la jodienda”, en definitiva a los terceros en dicha actividad.
En España, la prostitución no es legal ni ilegal, propiamente dicha.
Es, simplemente, alegal, es decir, al margen de la ley.
En principio no se persigue a quienes la ejercen, y tampoco a sus usuarios o clientes, pero sí a sus beneficiarios, los proxenetas.
Pero parece claro que vivir de las actividades “empresariales” de prostitución, facilitando los medios materiales para ejercer dicha actividad alegal, no es la mejor carta de presentación en una sociedad cristiana y civilizada, como la nuestra.
Y más cuando se explota y abusa de personas necesitadas, que tienen que recurrir a prestar ese tipo de servicios, para poder sobrevivir, dada su condición de ilegales, su falta de recursos y trabajo, personas huidas o echadas de sus familias, procedentes de familias desestructuradas, etc.
Que Begoña Gómez tenía plena conocimiento de donde procedía el dinero del que vivía, el piso que su padre le compró, y donde habitaba con Pedro Sánchez, y el dinero de bolsillo para poder vivir opíparamente, parece fuera de toda duda razonable, sobre todo habida cuenta de su actividad como cajera, pagadora, etc., de los “negocios” familiares, que la definen como una encargada, o como se decía antes, la madame de la casa o casas que regentaba.
Es posible que contribuyera a ello su pronto abandono de los estudios, y el deseo de su padre de que trabajara y se ganara la vida, pero lo cierto es que no optó por ser camarera, dependienta u otras dignas profesiones a su alcance, sino por trabajar en la “empresa” familiar.
Empresas que mueven mucho dinero, que podríamos llamar sucio, dinero negro, y por el que no se tributa ni a Hacienda ni a la Seguridad Social, en la mayoría de los casos.
Ahora se habla de que el régimen comunista sanchista quiere prohibir la prostitución, y supongo que todas las actividades que se generan en torno a la actividad, los proxenetas, terceros locativos, y quien sabe si hasta a los clientes…
En cuyo caso, auguro un aumento de las agresiones sexuales, pues como dicen en mi pueblo, “la jodienda no tiene enmienda”.
Pero, puestos a legislar sobre la materia, no se les olvide poner una disposición específica por la que se establezca la no persecución penal de los terceros locativos que hayan ejercido como tales antes de su promulgación, que la caridad bien entendida, empieza por uno mismo.
Y no se trata de que Pedro tire piedras al tejado de Begoña, y familia, y es posible que, incluso, a su propio tejado.
A grandes males, grandes remedios.
Ramiro Grau Morancho
Académico, jurista y escritor
