Diana Morant, muy conocida en su casa, a la hora de almorzar, es una de esas ministras florero, de cuota, con las que Sánchez nos ha obsequiado.

Se ve que le gusta que le digan guapo, chulo, castigador, y le rían todas sus ocurrencias y mentiras.

Creo que es ministra de universidades, es decir, nada, pues las universidades gozan de autonomía constitucional, y hacen de su capa un sayo.

A mí me recuerda a una momia, una esfinge, siempre con el pelo igual, y esa cara hierática que tiene, que no sabes si es muy inteligente, o tonta perdida…

Me inclino más por la segunda hipótesis, a juzgar por su deposición sobre José María Ángel Batalla, falsificador valenciano, que lleva 42 años, ¡nada menos!, desde 1983, viviendo opíparamente de un título universitario falsificado.

Y cobrando un suculento suelto de la diputación provincial de Valencia, y ya sabemos que las diputaciones, que también tienen autonomía constitucional, suelen pagar salarios bastante elevados, aplicando la tesis de la flamante presidenta del Consejo de Estado: El dinero público, no es de nadie”.

Es decir, es una res nullius, que pasa a ser propiedad del primero que lo coge.

Parece ser que Carmen Ninet, la esposa de este Ángel, (ex diputada del PSOE, a más inri), que en realidad es un diablo, con pintas de Groucho Marx, también disfruta de una prebenda similar en la diputación valenciana, de la que su padre era un alto funcionario, y supongo participó activamente en el enchufe de los dos retoños.

¡Dos farsantes unidos por el amor! Por el amor al dinero.

Al fin y al cabo, y según los “socialistos”, el dinero público no es de nadie…

¿Y qué ha dicho la ministra de universidades, repito?

Pues, en el colmo del cinismo político, ha dicho textualmente lo siguiente: “… Nosotros no pedimos títulos, pedimos hoja de servicios. A un político no lo hacen los títulos académicos, sino su curriculum de trabajo…”. (El Debate, 1 de agosto).

Ergo, y según la Ministra de Universidades, repito, los títulos académicos no sirven para, lo que vale es el trabajo posterior… Ergo, un título falsificado es “igual de válido que uno real, obtenido tras varios años de trabajo y estudio, superación de exámenes, etc.

¡Qué gran “lección” para nuestra juventud!

Excuso decirles que en los nueve meses que lleva en el cargo, dotado con unos 120.000 euros anuales, es decir, 10.000 euros mensuales, este individuo todavía no ha tenido tiempo de reunirse con el presidente de la Generalidad valenciana, para coordinar la actuación de la administración central con la autonómica, ver qué hace falta, proveer de fondos a la comunidad de Valencia, que está al borde de la quiebra, pues carece del dinero necesario para afrontar la gran tarea de reconstrucción regional, etc.

Ahora dice que dimite, pero, eso sí, sin reconocer que falsificó el título, o se lo falsificaron, y que toda su “carrera” funcionarial es un gigantesco fraude, delictivo, por mucho que el delito haya prescrito.

Pero siempre quedarán las responsabilidades económicas, su enriquecimiento ilícito, y la obtención de una elevada pensión vitalicia de la seguridad social, que sería muy inferior si la cobrara como auxiliar, que es lo que realmente es. (Y no sabemos si, también, por enchufe de su suegro, y/o de su partido).

Después de estas esperpénticas declaraciones, más bien deposiciones, ¡calienta Diana, que sales!

Con “lideresas” como usted, lo tiene claro el PSOE en la comunidad valenciana…

 

Ramiro Grau Morancho

Académico, jurista escritor

https://www.graueditores.com

Ramiro Grau Morancho