MONJE y PRESBÍTERO.

Festividad: 28 de Septiembre.

Elogio: En Madrid, en España, san Simón de Rojas, presbítero de la Orden de la Santísima Trinidad para la redención de cautivos, que, acompañando al séquito de la reina de España, nunca viajó en carroza ni percibió sueldo, sino, más bien, entre regios fastos siempre se mostró humilde y pobre, así como misericordioso hacia los necesitados y fervorosamente devoto para con Dios.

Nació en Valladolid (España), el 28 de octubre de 1552. A los doce años, ingresó en el convento trinitario de su ciudad natal, en el que hizo la profesión religiosa el 28 de octubre de 1572. Cursó los estudios en la universidad de Salamanca entre 1573 y 1579. Por su comportamiento ejemplar en la orden de los trinitarios, Fray Simón fue llamado a servir en la corte del rey Felipe III de España. Una vez allí, se le nombró confesor de la reina Isabel de Borbón. Cuando hubo un brote epidémico de peste en Madrid, Fray Simón fue el primero en hacer sus preparativos para salir a socorrer a los apestados, pero el rey le prohibió abandonar el palacio, por temor a que llevara el contagio a los miembros de la corte. «Las casas de los enfermos -repuso el fraile- son más adecuadas para mí que los palacios de los reyes y, si me veo obligado a elegir, abandonaré la corte». Lo mismo que san Alfonso de Orozco, también capellán de reyes, Fray Simón de Rojas ejerció gran influencia entre los nobles que rodeaban al monarca y contribuyó en gran manera a mantener en alto los niveles de la moral y la religión en aquel ambiente. Además de misionero, fue el fundador de la Hermandad del Ave María y escribió un oficio para la fiesta del Santo Nombre de María, al que su orden profesa especial devoción. Fray Simón murió diez días después de la fecha de la mencionada fiesta del año 1624. Fue beatificado en 1766, y SS Juan Pablo II lo canonizó el 3 de julio de 1988.

Oración:

Bienaventurado y dichoso Simón de Rojas, amparo de huérfanos y afligidos, alivio de los necesitados e incansable operario de la Viña del Señor. Tú, que estas tan cerca de nuestro Señor Jesucristo y por la fervorosa caridad con que se enardecía vuestro corazón en el amor de los prójimos, procurando sin cesar la conversión de los pecadores, y asistiendo de continuo a los enfermos, sin que los peligros pudiesen entibiar tan piadosa llama; por el amor tan heroico con que ejercitasteis esta virtud; y os hicisteis tan agradable a la Santísima Trinidad: os pido que encendáis en mi helado corazón, el verdadero amor a Dios y a los prójimos, para que imitando vuestros ejemplos de caridad , logre sus frutos en la Patria celestial. Amén.