La carrera de obstáculos de «Cristóbal Colón» y el nacimiento de una nueva civilización

 

Ante el miedo a los mitos que circulaban sobre el mar exterior o mar océano, el capitán de esta carabela pretendía rodear el globo para llegar, por el oeste, a las Indias Orientales y China sin tener que cruzar la punta de África ni enfrentarse a los formidables navegantes portugueses, a los que conocía tan bien, pues cuando trabajaba con ellos, tuvo ocasión de comprobar su crueldad en alta mar, sin embargo, también había tenido la oportunidad de recorrer las costas atlánticas de norte a sur, lo que le permitió calcular las millas náuticas existentes de un polo al otro.

Su azaroso viaje se debió casi exclusivamente a este cálculo, mediante el cual había medido el diámetro de la Tierra y su posible circunvalación como si fuera una circunferencia perfecta. Esto fue un grave error que pudo costarle la vida, porque no sabía que la Tierra se achataba en los polos, por lo que su circunferencia no era perfecta y en consecuencia, tampoco lo eran sus medidas.

De esta manera, a medida que navegaba hacia el oeste siguiendo el ecuador, las distancias aumentaban en varios miles de millas en comparación con lo que él había predicho, causando su perplejidad y lo que es peor en alta mar, provocando el pánico de la tripulación, lo que condujo a ésta al motín. Sin embargo, la determinación, fuerza de carácter y conocimientos del capitán resolvieron las dudas de los indecisos amotinados, y tres días después del conflicto, que podría haber acabado con su sueño e incluso con su propia vida, desde el Palo mayor, el vigía de la carabela gritó «Tierra a la vista».

El 12 de octubre de 1492 tuvo lugar el encuentro entre dos mundos, así como el comienzo de otra era, con el nacimiento de nuevas rutas comerciales y de una nueva civilización. Aquí es donde comenzó el año cero de la hispanidad, una aventura que duraría más de tres siglos y revolucionaría el mundo entero.

¿Quién era este misterioso capitán cuya obsesión y errores de cálculo cambiaron el viejo mundo, abriendo las puertas a una nueva civilización?

Muchos de los hombres que han marcado la historia de España y del mundo no siempre han obtenido el reconocimiento que tenían derecho a esperar, al menos no con su nombre de nacimiento, dejando borrosa su identidad.

El nombre de nuestro misterioso capitán era Pedro Eanes Álvarez de Sotomayor, también conocido como Pedro Madruga, Conde de Camiña, Pedro Joaô Coulaô o Cristóbal Colón, aunque este último nombre sigue siendo objeto de múltiples debates debido a la importancia mundial de la figura de Colón.

Los orígenes de Cristóbal Colón son, a día de hoy, el motivo de enconados debates, una reivindicación política y un intento más de borrar a España del ámbito internacional, pero es ante todo, un misterio sin resolver, ya que tanto la versión oficial comúnmente aceptada en el exterior de España, como las demás versiones nacionales o autonómicas sobre su verdadera ascendencia, adolecen de importantes lagunas documentales y, sobre todo, de coherencia con la realidad política y cultural de la época.

Por tanto, en las siguientes líneas no vamos a hablar de Cristóbal Colón tal y como nos lo ha presentado la historia oficial, sino de ese otro personaje histórico español y gallego llamado Pedro Eanes (Xoan) Álvarez de Sotomayor, un hombre carismático y controvertido que, tras su repentina y extraña muerte en una Fonda cercana a Tordesillas, donde nunca se han encontrado sus restos, renació con el nombre de Cristóbal Colón [recordemos que Colón nunca quiso que escribiéramos su apellido como Colomb o Colombus, siempre insistió en que se llamaba Colón] para ir a la audiencia que el “difunto” Pedro Alvarez de Sotomayor había solicitado a la reina Isabel la Católica para sí mismo, y que ella le había concedido en honor de su linaje, aunque no por ello estuviesen en los mejores términos.

La relevancia del verdadero rol de Pedro E. Álvarez de Sotomayor está estrechamente ligada al contexto histórico y político de finales del siglo XV.

Estamos en la segunda mitad del siglo XV, la España cristiana domina casi toda la península con la excepción del reino de Granada. La nobleza regional, forjada en múltiples combates, se sentía fuerte y expresaba su interés en participar en las decisiones importantes del reino, así como en la elección de los reyes peninsulares. Fue un momento clave en la historia de España, en el que revoluciones campesinas de vasallos y siervos se levantaron contra la nobleza y en el que estalló una guerra de sucesión por el Reino de Castilla del difunto rey Enrique IV de Trastámara, fallecido en 1474, y hermano de Isabel la Católica, que era la legítima heredera de Enrique según los acuerdos firmados en los Toros de Guisando el 4 de septiembre de 1468. También era hermano de Alfonso «el Inocente», que murió envenenado el 4 de julio de 1468. Enrique también tuvo una hija: Juana, pretendiente al trono, lo que generó un gran conflicto entre las dos mujeres.

Lucha por el poder entre Joanna (Juana) e Isabelle (Isabel)

Esta guerra entre la hermana del rey, Isabel, con su «nuera» Juana, separó a la nobleza en dos bandos, el de los que apoyaban a Isabel, más tarde llamada «la católica», y el de los que apoyaban a Juana, apodada «la Beltraneja», porque se sospechaba que era hija de Beltrán de la Cueva, este bando también contaba con el apoyo del rey de Portugal.

En esta última facción se encontraba nuestro personaje, un noble gallego llamado Pedro E. Álvarez de Sotomayor y Colón, también conocido como Pedro Madruga, y perteneciente a una de las casas más ricas del antiguo reino de Galicia, pero cuya desafortunada elección del campo dinástico le costó la pérdida de todas sus posesiones y «casi» su vida.

¿Quién era realmente Pedro Álvarez?

Esta persona, que como decía, nació en el noroeste de España (Galicia), era hijo natural de Fernán Eanes (Juan) de Sotomayor, gran señor de la nobleza gallega (linaje de los Sotomayor) y – aunque solo es una sospecha – de Constanza de Zúñiga y Colón, hija del Conde de Monterrey, perteneciente a una familia de notables de Pontevedra, pero de la que se cree tenía orígenes sefarditas.

El nacimiento de Pedro tuvo lugar en 1440, en Poio (Pontevedra), a pocos kilómetros de Marín, donde se encuentra la famosa y misteriosa playa de Mogor, cuyos laberintos tallados en las rocas son auténticos primitivos mapas de navegación, dibujos, cartas marinas o esculturas que inspiraron las creaciones de joyería sincrética de un artista valenciano de origen atlántico que tuve la oportunidad de conocer en una exposición en Bueu y que, milagros de la historia, se apellida Marín. En mi opinión, es muy probable que parte del magnetismo granítico de esta costa gallega marcara el ADN marino de Pedro Álvarez de Sotomayor, hasta el punto de revolucionar la navegación atlántica de su tiempo y abrir el portal a una nueva era.

Sin embargo, a pesar del importante linaje de su padre, el nacimiento de Pedro se ocultó al mundo, el parto se produjo en el mayor secreto, para no empañar la reputación de su madre, cuya identidad se le ocultó durante toda su infancia, quizás debido a los orígenes sefarditas de esta dama. En cualquier caso, pocas horas después de su nacimiento, fue entregado a su padre para que pudiera asegurar su educación, delegándola en los monjes del convento de Santo Domingo, en la ciudad de Tui.

Al morir su hermano mayor y legítimo heredero, Álvaro Páez de Sotomayor, Pedro recibió todos los títulos nobiliarios de los Sotomayor, así como los bienes y propiedades de la familia de su padre, convirtiéndose en uno de los hombres más ricos y poderosos de Galicia en ese momento. Pero cada flor viene con su espina, y con las riquezas que heredó, tuvo que enfrentarse a muchos de los enemigos de su Casa, celosos de sus muchas propiedades.

Pedro estudió derecho romano y canónico, porque su padre quería colocarlo al frente de la iglesia local como arzobispo de Compostela, una de las diócesis más importantes de España, ya que el arzobispo Gelmírez había obtenido el apoyo papal para desarrollar el Camino de Santiago. Sin embargo, Pedro, que era de carácter agitado, se sintió más atraído por la ciencia de la navegación y el arte de la guerra que por la teología, conocimiento que desarrolló en su tiempo libre y que pronto pondría en práctica, porque a la muerte de su hermano, los conflictos por la gestión de sus múltiples propiedades, así como los obstáculos que le ponían los enemigos de su familia, lograron abortar su destino político-religioso como arzobispo de Santiago de Compostela, cargo religioso y cargo político de gran importancia en el siglo XV; Por no hablar de un aspecto esencial que su nueva posición requería de él, tener al menos, un heredero.

 

Francisco QUEIRUGA

(Continuará)

 

José Francisco Rodríguez Queiruga