Con ocasión del lío organizado con el máster de la todavía presidenta de la comunidad de Madrid, me sorprende mucho el interés de la población por el polémico postgrado, pasando olímpicamente del macro juicio de los EREs de Andalucía, por ejemplo, el mayor latrocinio de dinero público de los últimos cuarenta años…

La práctica totalidad de los medios de comunicación llevan unas tres semanas “machacándonos” con el dichoso máster -que al fin y al cabo, no deja de ser un adorno en el currículum de una persona-, lo que demuestra dos cosas, a mi modo de ver:

  • Una, el total izquierdismo de los medios, siempre en contra del PP, y a favor de los partidos alternativos como PODEMOS y el PSOE, aunque estos últimos sean la otra cara del PP, y
  • Dos, la imbecilidad pública generalizada, que hace que la gente confunda la anécdota con la categoría, y se interese por lo trivial, pero no por lo básico y sustancial.

Todo ello sin restarle un ápice de importancia al asunto, que obviamente lo tiene, y que es una clara demostración del estado de putrefacción de nuestras universidades, públicas y privadas, totalmente mercantilizadas, y convertidas en unas auténticas expendedurías de títulos, como los estancos de sellos y efectos timbrados.

Sigo pensando, y lo he expuesto ya en algún artículo anterior, que el principal currículum de los políticos debe de ser el profesional.

Y no solo eso, sino que debería exigirse un período mínimo de actividad laboral, de cinco o diez años, por cuenta propia o ajena, de forma que quienes vayan a la política no aspiren a convertirse en políticos profesionales, dada su falta de oficio o profesión conocida -como sucede con el 90% de los políticos actuales, dicho sea de paso-, sino que la política sea un periodo intermedio de dedicación en sus vidas, para una posterior vuelta a sus ocupaciones, profesiones u oficios habituales.

Pero claro, ¿quién se baja del coche oficial, o del mullido sillón, en un estupendo despacho, con calefacción, aire acondicionado y una serie de pelotas, llamados asesores, que te ríen las gracias…?

Es como decirle a una persona que desayuna caviar por las mañanas, que pase a tomar un trozo de pan duro y un vaso de agua fría.

En resumen, mientras sigamos teniendo una casta política que pretende engañarnos, presentándonos unos currículums académicos, en la mayoría de los casos falsificados o engrandecidos, pero que realmente no tienen un soporte o reconocimiento laboral…, no hay nada que hacer.

Seguiremos cargando sobre nuestras espaldas con una gran cantidad de inútiles e incompetentes -se calcula que hay medio millón de personas en esa situación-, a los que tenemos que mantener a cuerpo de rey, y lo que es peor, soportando y pagando todas sus ocurrencias e imbecilidades congénitas.

 

Ramiro Grau Morancho

Académico, jurista escritor

https://www.graueditores.com

Publicado en abril de 2018 en: Sierra Norte Digital, Alerta Digital, Heraldo de Oregón

Ramiro Grau Morancho