LAICO.

Festividad: 31 de Agosto.

Elogio: En Atenas, en Grecia, San Aristides, filósofo, que, notabilísimo por su fe y por su ciencia, dedicó al emperador Adriano algunos de sus libros sobre la religión cristiana.

En realidad, de Arístedes es escasísimo lo que se sabe, apenas lo que transmite Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica: «… también Arístides, hombre de fe entregado a nuestra religión, dejó, igual que Cuadrato, una Apología en favor de la fe, que había dirigido a Adriano. También la obra de este escritor se ha salvado hasta hoy en muchos lugares.» (HE IV,3,3). Se discute si verdaderamente la Apología la dedicó a Adriano o a su sucesor Antonino Pío (quien también tenía como uno de sus nombres el de Adriano), lo que hace variar un poco la fecha en que puede colocarse este documento, que ronda aproximadamente el año 140, y es uno de los más importantes documentos cristianos de esa generación.

Lamentablemente, a pesar de lo que Eusebio decía en su época (en el siglo IV), la Apología sí llegó a perderse, pero los manuscritos siguieron un curioso camino que vale la pena relatar, siguiendo a Quasten (Patrología, BAC, t. I): en 1878, con gran sorpresa de los sabios, los Mequitaristas de San Lázaro de Venecia publicaron un manuscrito del siglo X, fragmento armenio de una apología intitulada «Al emperador Adriano César de parte del filósofo ateniense Arístides». Casi todos los eruditos se convencieron de que el fragmento contenía restos de una traducción armenia de la apología de Arístides mencionada por Eusebio. Esta opinión había de encontrar una confirmación inesperada: El año 1889, el sabio americano Rendel Harris descubrió en el monasterio de Santa Catalina del monte Sinaí una traducción completa en sirio de esta apología. Esta versión siríaca permitió a J. A. Robinson probar que el texto griego de la apología no solamente existía, sino que había sido publicado hacía algún tiempo bajo la forma de una famosa novela religiosa relacionada con Barlaam y Joasaph. La novela se encuentra entre las obras de san Juan Damasceno; su autor presenta la apología como escrita por un filósofo pagano en favor del cristianismo. El texto nos ha llegado en tres formas. La leyenda de Barlaam y Joasaph, que poseemos en griego […] fue compuesta por el mismo Juan Damasceno.

La Apología está dividida en 17 breves capítulos, y es testimonio de cómo se explicaba y difundía nuestra fe en una época poco posterior a la apostólica; es la única obra completa que se conserva de este autor. aunque sí hay fragmentos breves de discursos. Nada más sabemos de él ni de su obra. La tradición lo hace morir mártir, pero el nuevo Martirologio Romano no se hace eco de ésta suposición. Lo mencionan el 31 de agosto los martirologios de Beda, Usuardo y Baronio, mientras que Usuardo y Adón lo inscriben además en el 3 de octubre.