La divina Providencia bien puede añadir aclaraciones reveladoras a los acontecimientos bíblicos ya conocidos, cuyos detalles complementarios nos pueden enriquecer las convicciones de tales hechos fundamentales, sin relativizar para nada las esencias de las verdades intemporales y fundamentos de nuestra historia de la santificación y salvación beatífica.

Ha sido, entre otras revelaciones complementarias, que no únicas, el caso de las visiones místicas de la Beata Sor Ana Catalina Emmerick, alemana que narró en varios y detallados escritos el don privilegiado de ver como si de un video historiográfico se tratase, escenas, detalles, lugares y situaciones anejas a los hechos ya conocidos por revelaciones bíblicas.

Todo encaja con la verdad dogmática, a la vez que la adorna y hace más imaginable, a la vez que razonable, con lo que la sabiduría divina nos hace saber.

Los concienzudos relatos explicativos y aclaratorios de los distintos hechos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, desde su nacimiento hasta su vida pública, muerte y resurrección, son una lectura apasionante y luminosa del misterio de amor redentor del que ordena todo el presente y el futuro de toda su creación, con la figura humana y divina que nos recrea con su doctrina, nos perfecciona con su gracia sobrenatural participativa de la vida divina y nos conduce a la bienaventuranza celestial, eterna e irreversible para sus leales seguidores.

Sería inacabable de narrar todo lo que esta santa nos instruye, anima y deleita con sus cuatro tomos titulados “Visiones de la vida de Jesucristo y de su  Madre Santísima”. (Tomado de la edición especial para Interconomía de abril de 2012, www.intereconomía.com).

Por poner solo algunas pinceladas luminosas en el hecho maravilloso del nacimiento del divino Redentor y la Adoración de los Reyes Magos en el Portal de Belén, recordemos las circunstancias históricas:

“En aquellos días, salió un decreto del emperador Augusto ordenando hacer un censo del mundo entero. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta… le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada” (Luc, 2,  1-14).

Ya es de admirar, que en aquel estado de gravidez, emprendiesen ese viaje en la borriquilla que tenían, y sin dilación ni pretextos sanitarios que hoy en día serian de exclusión ineludible.

Pero la voluntad divina inexcusable, programa el resto de acontecimientos trascendentes. La fe de los cónyuges conscientes del designio divino, les llevó a obedecer ciegamente el mandato legal, como  un capítulo más de su vocación al plan anunciado a Maria de su maternidad del Verbo divino.

¡La falta de posada, o del rechazo por las pobres apariencias del matrimonio indefenso, y ella embarazada, no les arredra y se refugian en una cueva de aquellas de los alrededores de Belén donde se refugian los pastores en días de tormenta, como último recurso!

La fe sobrenatural hace milagros cuando se deja llevar inspirada en el  poder providencial divino, aunque escriba derecho con líneas torcidas a los ojos humanos.

Pero…¿qué trabajo le cuesta a Dios traer al Salvador de la Humanidad a redimirla de la rebelión condenatoria de Adán y Eva, haciendo en un palacio rodeado de sirvientes, comodidades y seguridades máximas, sanitarias, económicas y jurídicas, sin peligros persecutorios por herodianos paganos y sanguinarios…?

Cuando el poder divino dirige los pasos ineludibles de la historia, los medios y limitaciones humanas, no significan más que la Verdad absoluta está por encima de todas nuestras soberbias, limitaciones y bajezas terrenales, de las que se ríe omnipotentemente con su misericordia, fruto de su amor creativo que sobrepasa toda culpabilidad humana.

Alargado en este espontáneo preámbulo, me olvidé de contar el escenario sorprendente de la Adoración de los Magos al Niño-Dios en el Portal de Belén, los regalos, los pastores, los séquitos acompañantes en el largo viaje de estos y los motivos religiosos y sociales de estos misteriosos personajes orientales… Continuaré en esta litúrgica temporada navideña.

¡Feliz y Santa Navidad a todos los lectores y fieles católicos!

 

Jesús Calvo Pérez

Párroco de Villamuñio, León

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